Pequeños cuerpos grandes luchas
Enano, chaparro, chichón de piso, pulga, y cientos de
sobrenombres padece a diario una persona que se encuentre por debajo de 1,20
metros de altura, estos son burlados, discriminado, su moral arrastrada por el
piso y su autoestima arrojada a la basura.
Desde los inicios de la humanidad los “enanos” han sido
utilizados como esperpentos y atracciones para entretener a la multitud, con
gracias, payasadas, malabares y cuanto acto se le ocurra a la gente ver, a
través del tiempo la humanidad ha conservado esta tradición, pensamiento e
inclinación a la burla y el rechazo por este tipo de
personas.
Esta discapacidad, deficiencia, enfermedad o castigo de
Dios como algunos lo llaman, en el 80% de los casos no es más que una mutación
producida en el óvulo o en el espermatozoide, y pocas veces es genética,
provocando un crecimiento anormal en aquellos que lo padecen, con fuertes
impedimentos para su normal circulación dentro del territorio
nacional.
Estos “enanos” o personas de talla baja son replegados a
los rincones más recónditos y oscuros, con cargos poco dignos y sin
posibilidades de ascenso o reconocimiento, dentro de un ámbito laboral o social,
siendo discriminados por su estatura y siendo medidos con la
misma.
En
cuanto al ámbito nacional, las personas de baja estatura son excluidas de
oportunidades laborales importantes, son disminuidas a una “especie” casi
inexistente y son poco tenidos en cuenta para adecuar los espacios públicos para
su sana circulación y los lugares de uso común que mejoren su calidad de
vida.
O
cuando a usted visto un cajero pequeño, un orinal de menos de 70 cms de altura,
una ventanilla de cualquier banco, o lugar que tenga que registrar ventas, o un
bus con escaleras extras para que un “enano” pueda ascender fácilmente, esto
nunca lo han visto, será porque esta sociedad nunca ha pensado, piensa y pensara
en este tipo de personas.
A
pesar de los esfuerzos por ser reconocidos y cobijados bajo la ley 1275 que
cobija a los enanos dentro de los discapacitados, emitida por el congreso de
la república en el 2009, recomendación que hecha por la ONU y acogida por el ex
presidente Álvaro Uribe Vélez el 5 de enero del mismo
año.
Luego de dos años de ser incluidos en la población
discapacitada del país, nada que hay solución a la problemática que se presenta
a diario en la vida de una persona de talla baja, en la que a diario compiten en
una carrera de obstáculos, que sortean en cada calle, esquina, centro comercial,
banco y a casi cualquier lugar que se dirija.
Ser una persona discapacitada en este país es algo
realmente difícil, porque casi nada está adaptado para esta parte de la
población, los ciegos juegan a la ruleta rusa cada vez que salen de su casa, las
personas de talla baja por su parte juegan a una maratón de obstáculos a lo
largo de su desplazamiento por la ciudad.
Subir un ascensor, hacer trámites en las ventanillas de
los bancos, sacar dinero de cajeros electrónicos, hacer compras en un
supermercado, subirse a un bus, llamar de un teléfono público, usar un baño y
hasta subir andenes son unas de las muchas dificultades que deben afrontar las
personas de talla baja al salir de sus hogares, ya que estos lugares están
diseñados para un prototipo único.
Enanos, personas de talla baja o pequeñas y mil formas
más de ser llamados son pronombres que juzgan a estas personas por fuera pero,
nunca se interesan en conocerlos, admirarlos e incluirlos en una sociedad cada
vez más elitista, consumista y basada en una belleza externa, prejuzgando y
aislando a los que no estén dentro de los rangos aceptados por la sociedad.
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